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Lo que pasa antes de la primera venta

Antes de vender hay que conseguir con quién hablar. Ese trabajo de buscar, escribir y volver a escribir es el de un setter, y hoy una pyme también puede tenerlo.

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Cuando una empresa que vende a otras empresas me cuenta cómo consigue clientes, casi siempre la historia empieza igual. Alguien abre Google Maps, busca el rubro, copia teléfonos a una planilla y empieza a escribir. Al rato se cansa, la planilla queda por la mitad y el mes siguiente se arranca de cero.

Ese trabajo tiene nombre: setter. Es la persona que encuentra a los posibles clientes, les escribe primero, insiste con respeto y le pasa al vendedor solo a los que quieren hablar. Es un trabajo clave y, a la vez, el que menos ganas da de hacer.

Primero, saber a quién escribirle

Empezamos por la parte más básica: la lista. Armamos un buscador al que le decís a quién le querés vender, por ejemplo fábricas de una zona, mayoristas de un rubro o empresas del agro, y te devuelve una planilla con nombre, teléfono, mail y web de cada empresa. Busca en Google Maps, en las páginas amarillas, en LinkedIn y en Instagram, y todos los meses trae empresas nuevas.

Lo pensamos para empresas que no viven en internet. Muchas de las que más necesitan clientes no tienen equipo de marketing ni tiempo para buscar. La pregunta que más escuchamos es "¿esto no lo puedo buscar yo?". Sí, se puede. Lo que se vende es el tiempo que no tenés y el orden que nunca llegás a armar.

Después, el primer mensaje

Una lista sola no vende. Por eso el paso siguiente fue sumar a cada empresa un link de WhatsApp con el primer mensaje ya escrito. El vendedor toca el link, se abre la conversación y manda el mensaje él mismo. No hay ningún robot escribiendo por vos, y eso también cuida tu número.

Parece poco, pero cambia la planilla de lugar: deja de ser algo que se mira y pasa a ser algo que se usa.

Lo que viene: un setter con IA

Yo ya prospecto así. Tengo un agente de IA que me busca agencias de marketing en Latinoamérica, me arma el contexto de cada una y me deja listo el primer contacto. La idea que estamos desarrollando es llevar eso a cualquier empresa: un setter automático que tome la lista del mes, escriba el primer mensaje, haga el seguimiento cuando no hay respuesta y le avise al vendedor cuando alguien quiere hablar.

Esto no se arma en dos semanas. Hay que cuidar cómo se escribe, cuántos mensajes salen por día y desde qué número, porque WhatsApp y el mail tienen reglas, y una cuenta bloqueada es peor que una lista sin usar. Por eso vamos por partes: primero la lista, después el mensaje listo, después el seguimiento automático.

Por qué importa

La mayoría de las empresas no pierden ventas por tener un mal producto. Las pierden porque nadie tuvo tiempo de escribirle a la empresa correcta, o porque se le escribió una vez y nunca más. Un setter automático no reemplaza al vendedor. Le saca de encima la parte que nadie quiere hacer, para que dedique su tiempo a las conversaciones que valen la pena.

Mi apuesta

En poco tiempo, tener un setter va a dejar de ser algo de empresas grandes con equipo comercial. Cualquier pyme va a poder decir a quién le quiere vender y empezar el mes con conversaciones abiertas en vez de una planilla vacía.

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